Una abuela, con lágrimas en los ojos eleva el sahumerio, después dice:
–Es cierto, ¡Oh! Padres Árboles, pedimos permiso para que bañen con sus preciosas lágrimas el cuerpo de nuestros nueve príncipes guerreros, ellos nuestros príncipes hijos y guiados por nuestro Gran Señor Bh’otzangha.
Entre lágrimas dicen las jóvenes:
–ellos irán a ofrendarse en cuerpo y alma al adre Sol, para secar las lá
Las abuelas observan a Bh’otzangha, Él también las mira, permanecen un rato así, después las abuelas dicen:
–Los pedimos, para que nuevamente, oigamos el canto de nuestros niños y niñas, en nuestra casa celeste, y las cascabeles se empiecen a oír con sus cantos floridos.
Bh’otzangha y sus ocho guerreros entre cantos y danzas son tendidos en el suelo celeste… Después los nueve Ocotales dicen: Sigue leyendo


















